
Un fotograma del videojuego 'Assassin’s Creed Shadows'
'Assassin’s Creed Shadows', la mejor manera de hacer turismo por Japón sin salir de casa
La veterana franquicia de Ubisoft recrea el Japón feudal de finales del XVI con una dupla protagonista compuesta por un samurái africano y una shinobi resuelta a vengar la muerte de su padre.
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Assassin’s Creed es una de las franquicias más poderosas de los videojuegos. Lo que empezó siendo un spin-off de Prince of Persia centrada en los Hashashin, ha terminado convirtiéndose en un baluarte de los juegos de ambientación histórica gracias a un concepto genial que facilita una narrativa marco muy ambiciosa. Existen dos épocas bien diferenciadas: la de aventuras de acción (2007-2015) y la de juegos de rol (2017 hasta la actualidad), con la conveniente excepción de Mirage (2023), que fue concebido como un ejercicio nostálgico.
Quitando ese título menor, Shadows nos llega cuatro años y medio después de Valhalla (2020), el mayor intervalo entre entregas de esta saga tan prolífica. Su principal reclamo es el desembarco en el Japón feudal, quizá la ambientación más solicitada por los jugadores en la última década y precisamente la que Ubisoft ha sido más renuente a visitar. Después de haber sufrido un protagonismo indeseado en las guerras culturales, ¿esconde el juego los méritos suficientes como para invertir docenas de horas en su versión preciosista de un Japón atravesado por las guerras intestinas?
Naoe lleva toda su vida entrenando bajo la atenta mirada de su padre, líder de los ninja de la provincia de Iga. Una noche, las tropas del señor de la guerra Oda Nobunaga asaltan el poblado donde vive a sangre y fuego. Incapaz de detener la masacre, su padre le encarga poner a buen recaudo una misteriosa caja. La joven cree haber completado su misión con éxito cuando es emboscada por un grupo misterioso de guerreros enmascarados: los Shinbakufu, que asesinan a su padre delante de ella y la dejan por muerta.
Desposeída de todo lo que una vez conformó su hogar, Naoe comienza una caza que le llevará a los principales centros de poder del país para vengarse de los Shinbakufu y recuperar la caja robada. En su camino se encontrará con Yasuke, un samurái extranjero, vasallo del sanguinario Nobunaga.
Ubisoft siempre ejerce un cuidado exquisito a la hora de recrear los períodos históricos de los títulos de la saga, pero la atención al detalle en este Shadows es un nuevo estándar de calidad en cuanto a inmersión para toda la industria. La recreación de las nueve provincias en las que se desarrolla el juego es apabullante, un ecosistema orgánico que transmuta con las estaciones, pasando del florecimiento de los cerezos a los conciertos maximalistas de las cicadas, de los tonos broncíneos de las hojas agitadas por el viento al espesor de la nieve que corona las cumbres y las enormes pagodas de templos y castillos.
En PlayStation 5 Pro, que es donde he podido experimentar el juego, Ubisoft Quebec ha realizado un trabajo encomiable, con un uso extensivo de trazado de rayos en su modo de fidelidad visual que maravilla por las cualidades barrocas de una luz portentosa. En varias situaciones me he quedado simplemente atónito ante el espectáculo pictórico de unas estampas admirables. Es cierto que las animaciones faciales nos retrotraen a la pasada generación, pero los escenarios son dignos de alabanza.
El juego va a hacer las delicias de todos los que hayan visitado Japón con anterioridad y no tengo ninguna duda de que se va a convertir también en un reclamo publicitario poderosísimo para las oficinas de turismo del país. He visitado el archipiélago en dos ocasiones y he explorado con detenimiento buena parte de las localidades en las que tiene lugar la trama de Shadows: el colosal castillo de Himeji, el suntuoso templo Kiyomizu-dera, los bosques de bambú de Arashiyama, el enorme Buda de madera albergado en el Todai-ji de Nara o los monasterios budistas de la montaña sagrada de Koya-san y el cementerio de Okunoin, entre muchos otros.

Un fotograma del videojuego 'Assassin’s Creed Shadows'
La recreación es majestuosa, evidenciando un cuidadoso trabajo de documentación y una atención al detalle sorprendente, si bien es cierto que hay un importante grado de licencia artística, sobre todo en los edificios que ya no existen o han sido modificados por los azares de la historia. El tradicional códice viene cargado con toneladas de información, pero los textos están redactados de una forma amena y concisa y están apoyados por una amplia galería de imágenes fruto de la colaboración con numerosas instituciones como la Galería de las Colecciones Reales.
Por todas sus virtudes formales, el juego acusa dos graves carencias. Por un lado, la fórmula jugable ya está completamente agotada. Es el cuarto gran RPG de la franquicia y es evidente que el esquema a estas alturas exige una revolución completa. En Ubisoft Québec llevan una década jugando con un protagonista doble, pero esta es la primera vez que han llevado el concepto hasta las últimas consecuencias. Mientras las capacidades atléticas y de sigilo de Naoe la convierten en el personaje más ágil de toda la saga, Yasuke se controla como un tanque: pesado, torpe a la hora de escalar pero invencible en combate abierto.
Son polos opuestos y aunque el juego nos permite elegir personaje en la mayoría de las misiones (no todas), de manera natural nos iremos inclinando por uno en base a nuestas preferencias. En mi opinión, la versatilidad de Naoe compensa con creces su debilidad marcial, aunque hay momentos en que Yasuke es la opción más efectiva. Es un concepto arriesgado que funciona, pero no es suficiente para actualizar una fórmula que, de una u otra forma, sigue vigente desde 2017.
La otra gran carencia del juego es la referente a la narrativa. Después de la cúspide que supuso Valhalla, un relato apasionante sobre el destino, la identidad y las traiciones familiares, la parquedad y la falta de ambición del relato de Shadows es una decepción absoluta. No es solo que la premisa inicial se sienta irremediablemente manida e insulsa a otras alturas (otro relato de venganza por la muerte de un personaje que hemos conocido durante quince minutos), sino que es incapaz de evolucionar ni un mínimo hasta la recta final.

Un fotograma del videojuego 'Assassin’s Creed Shadows'
Yasuke se incorpora a la misión de Naoe a pesar de empezar en bandos opuestos por la razón más peregrina que uno pueda imaginar (dice que va donde le lleva el viento y poco más) y adopta como suyo el objetivo de matar a los Shinbakufu, lo que ocupa el 90% del metraje. No es hasta el final cuando los templarios y los asesinos hacen un mínimo acto de presencia que busca establecer una conexión con la mitología más amplia de la saga y de repente saltan los títulos de crédito, totalmente de improviso.
El clímax es completamente inane y no existe ningún tipo de resolución. Es un final tan abrupto, tan indolente y que palidece tantísimo con la épica desatada y la apoteosis dramática de sus predecesores inmediatos que parece el resultado de una limitación presupuestaria más que de una intencionalidad dramática responsable.
Como sus protagonistas, Assassin’s Creed Shadows es un juego de contrastes. El Japón del periodo Azuchi-Momoyama que han conjurado aquí es impresionante y ya por sí mismo merece el precio de la entrada. Sin embargo, el a estas alturas rutinario bucle jugable y, sobre todo, la derrota por incomparecencia del equipo narrativo le confieren un aire de sospecha ineludible. La sospecha de ser un producto creado con el único propósito de satisfacer una demanda de mercado, a base de encuestas y focus groups que habrían detectado la ambientación como relevante en la cultura popular.
Un juego brillante en el aspecto audiovisual pero en última instancia desprovisto de alma, de una razón de ser genuinamente creativa. Su previsible éxito comercial permitirá sanear las cuentas de una Ubisoft en serios apuros financieros tras encadenar una pléyade de fracasos estrepitosos en los últimos ejercicios, pero a los que acompañamos a la saga desde el primer día (hace ya casi 18 años) solo nos queda mirar al futuro para verla otra vez a la vanguardia de la industria, en vez de este seguidismo calculador.
En ese sentido, todas nuestras esperanzas están depositadas en Assassin’s Creed Hexe, descrito como una nueva vuelta de tuerca a la saga y ambientada durante la histérica caza de brujas que tuvo lugar en Alemania durante el siglo XVI.
Assassin’s Creed Shadows
Estudio: Ubisoft Québec
Editora: Ubisoft
Director creativo: Jonathan Dumont
País: Canadá
Plataformas: PC, Xbox Series, PlayStation 5